Mensaje de las andas procesionales del Cristo del Amor Infantil Sábado Santo 19 de abril de 2025 - "El Rebaño de los Siete Dones y la Mesa del Cordero"
El adorno procesional elaborado para los más pequeños de nuestra hermandad este año es un símbolo vivo que los invita a contemplar el amor de nuestro Cristo del Amor, Pastor y Cordero, quien nos guía y se entrega por nosotros. El conjunto se compone de tres áreas: Un rebaño de ovejas, siete ángeles niños que reflejan los siete sacramentos, y una mesa de sacrificio, todos unidos por el misterio de la transubstanciación.
Se aprecia un rebaño de ovejas en armonía sobre un terreno fértil de nardos recordándonos las palabras de Jesús en el Evangelio de Juan: "Yo soy el buen pastor; el buen pastor da su vida por las ovejas" (Jn 10, 11). Estas ovejas representan a nuestros niños, dirigidos por Cristo hacia la salvación.
Se puede observar también siete figuras de ángeles niños con alas resplandecientes avanzando en cortejo celestial, cada uno representando un símbolo de los sacramentos católicos.
Estos espíritus de luz, mensajeros de gracia divina, reflejan la presencia de Dios que acompaña a su pueblo, como se nos dice en Hebreos: "Los ángeles, ¿no son todos espíritus servidores, enviados en servicio por el bien de los que han de heredar la salvación?" (Heb 1, 14). A través de ellos, los niños pueden contemplar cómo los sacramentos los acercan al amor de Cristo.
En el centro del adorno, se alza una mesa de sacrificio, sencilla pero majestuosa, que representa el altar donde se renueva el misterio pascual. Sobre ella, la imágen de Cristo como Cordero de Dios, el pan y el vino convertidos en su Cuerpo y Sangre.
Este adorno procesional es una catequesis viva para nuestros pequeños futuros miembros de la Hermandad, los ángeles, con sus símbolos, les muestran que los sacramentos son regalos del cielo, enviados por Dios para acompañarlos. Las ovejas les enseñan que pertenecen al rebaño de Cristo, cuidados y alimentados por los sacramentos. La mesa del sacrificio les indica que Cristo, el Cordero inmolado, se encuentra presente en la Eucaristía, ofreciéndose por amor siempre y de manera incondicional.